• Padre Federico Ponzoni

Aquí va un no aburrido elogio del aburrimiento

¿Te has aburrido en esta cuarentena? , ¿Sientes que el tiempo se pasa lento?. Te invitamos a darle una vuelta al aburrimiento con la siguiente reflexión del asesor de la Pastoral UC, el Padre Federico Ponzoni

Estoy aburrido. ¿Cuántas veces nuestros hijos, esposas, convivientes, hermanos de comunidad, nos han declarado con estas palabras su malestar, su dificultad a enfrentar este tiempo de pandemia que pasa muy lento? ¿Cuántas veces lo hemos pensado y dicho nosotros mismos al pensar que no podemos salir a ver a nuestra familia y amigos, a tomarnos una cerveza, que no se puede ir al cine, hacer deporte al aire libre, en fin que no se pueden hacer esas actividades con las cuales asociamos el relajo, nuestro tiempo de esparcimiento y la diversión? El aburrimiento se ha vuelto así un indeseado huésped en nuestras casas encerradas.


¿Estamos, entonces, condenados a convivir con el aburrimiento? ¿No existirá una manera de expulsar de nuestras casas a este huésped indeseado?

Yo creo que no. Creo que el aburrimiento es una parte inevitable de la experiencia humana. Es más, creo que el aburrimiento es una experiencia beneficiosa y que nuestros intentos de exorcizarla no sólo son inútiles, sino que dañinos ya sea para nosotros como individuos, como familia y como sociedad. Me doy cuenta de que he hecho una afirmación muy seria que requiere ser argumentada a fondo.


El aburrimiento es una emoción -nos dice la psicología– y toda emoción sirve un propósito. El amor hace sublime el acto de la reproducción biológica. El asco nos salva de sustancia o personas peligrosas. La rabia nos permite defendernos de los depredadores. Se podría seguir con el listado. Pero, parece, que el aburrimiento no sirve de nada. No hace la vida bonita como la diversión o el placer, ni permite defendernos como la rabia o el miedo.


¿Entonces qué? ¿Si no sirve, por qué lo tenemos?

Para responder a esta pregunta hay que pensar no en nuestro aburrimiento ciudadano y civilizado, un aburrimiento que nace de la civilización, de su comodidad, de su orden que hace nuestras vidas carentes de aventura y muy previsibles. Hay que pensar de qué manera podía servirle el aburrimiento a un cazador recolector, viviendo antes del invento de la agricultura. Ese ser humano vivía en un ambiente fundamentalmente hostil, presionado por la necesidad de encontrar comida, reparo de las intemperies, refugio de los depredadores. Aburrirse de la misma comida, contrariamente a lo que se pueda pensar intuitivamente, era vital para poder encontrar fuentes alternativas de nutrientes. Probablemente fue el aburrimiento de comer siempre y solo proteínas de recolección como la de larvas e insectos, que empujó a los primeros cazadores recolectores a desarrollar técnicas de caza que permitieran la captura de animales de gran talla (hay algunos que sostienen que el mismo lenguaje se haya perfeccionado hasta llegar a ser la maravilla que es hoy, bajo la presión de coordinar los esfuerzos de más de un individuo necesarios a este tipo de caza). Seguramente el aburrimiento de comer siempre lo mismo fue lo que empujó a los primeros cazadores recolectores a probar comida nueva, a ensayar nuevos frutos, nuevas plantas, nuevos hongos (a veces arriesgando la propia vida) y así acumular el amplio conocimiento de la naturaleza que tanta maravilla despierta en antropólogos como Levy-Strauss y del que gozamos hoy.


Visto desde esta perspectiva, el aburrimiento es un don de los dioses más preciado que el mismo fuego que Prometeo robó: del aburrimiento, si es verdad lo que antes hemos sostenido, nace el descubrimiento, el invento, la novedad y con ello la civilización.


Podría uno ahora enojarse conmigo: ¡Me aburriste con este cuento de cazadores recolectores! ¡Yo estoy aburrido precisamente ahora! En este encierro debido a la pandemia que parece no terminar nunca y en esta época moderna, donde me aburro porque no puedo salir de la casa.


Respondería a mi inteligente interlocutor, que hoy como ayer el aburrimiento es una fuerza que genera creatividad, si es que uno deja que el aburrimiento sea un inicio y no un final.


Claro está: si uno por aburrido se bloquea, el aburrimiento gana: la vida se vuelve gris, infeliz, miserable. Si uno, en cambio, justamente por aburrido, se mueve, inventa, innova, puede descubrir… no puedo decir qué se puede descubrir, justamente porque lo que del aburrimiento puede nacer, es una novedad por la cual todavía no existen ni palabras ni conceptos. Como no podían existir palabras o conceptos para describir el I-phone en tiempos de cazadores-recolectores.


El aburrimiento, entonces, es la emoción que prepara el terreno para la novedad, para el invento, para la movida impensada.


¿Aburrido? ¡Bien! Es hora de inventarse algo nuevo.


 
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