• Carmen Villa

Ecos de la encíclica Laudato Si, cinco años después

El 24 de mayo de 2015, el Papa Francisco publicó ‘Laudato Si’, encíclica sobre el cuidado de la casa común. Pasado un quinquenio, ofrecemos una síntesis y un análisis sobre este importante documento pontificio.

¿Un Papa hablando de ecología? Fue la pregunta que no pocas personas, independientemente de su credo religioso, se hicieron en mayo de 2015, cuando fue publicada la segunda encíclica del Papa Francisco. Y aunque no es el primer pontífice que se refiere al tema del cuidado del medio ambiente, sí es el primero en dedicar un documento de esta envergadura a dicho tema.

Desde entonces la Laudato Si’ ha sido leída y estudiada por académicos, tanto creyentes como agnósticos, que han valorado la riqueza de este documento y las propuestas que plantea.

¿Qué hace de Laudato Si’ un documento diferente a cualquier otro tratado sobre el medio ambiente? La visión espiritual del cuidado del planeta. “Lo que el Evangelio nos enseña tiene consecuencias en nuestra forma de pensar, sentir y vivir”, dice el Papa, quien prefiere usar la palabra “creación”, más que “naturaleza”. Reconoce además, que un mundo tan ordenado, bello y armónico, no puede ser creado como fruto del azar, sino que este vino de la inteligencia, y especialmente del amor de Dios, quien crea todo con una bondad intrínseca y, como dice el libro del Génesis, vio “que todo era bueno” y que ha dado al hombre la potestad, la inteligencia y la libertad para cuidarlo.


Corresponsables con la creación

Laudato Si’ ofrece una riquísima reflexión sobre la situación actual del planeta, y nos recuerda que el llamado de todo ser humano es el de “ejercer gobierno responsable sobre la creación en nombre del Creador”. A su vez, recalca que la emergencia ambiental que vive actualmente la Tierra radica en el mal uso de la libertad del hombre quien, por una actitud egoísta, ha descuidado su entorno natural y esto ha generado una ruptura con la creación. Con este mal uso de la libertad el hombre “presume tomar el lugar de Dios y se niega a reconocer las limitaciones como creaturas” y por ello sucede que no pocas veces el hombre confunde “el mandato de Dios para los seres humanos con el ‘tener dominio’ sobre la creación en lugar de cuidar y cultivar el regalo de la creación”.

Así pues, la suma de pequeñas conductas egoístas en el propio entorno generan grandes desigualdades y desatan una crisis ecológica con consecuencias lamentables como el calentamiento global.

El Papa nos invita a todos los seres humanos a una “conversión ecológica”, término que ya había usado San Juan Pablo II, y que consiste en tomar una mayor conciencia sobre la corresponsabilidad que tiene cada ser humano con el cuidado de la creación. Esta conversión no consiste solamente generar una serie de hábitos para cuidar el planeta (como reciclar, cuidar los animales, evitar el uso del plástico entre otros) sino que implica un cambio de mentalidad que nos permita vernos como creaturas de Dios, entender que la vida nos ha sido dada y vernos a nosotros mismos como administradores del planeta en que vivimos. Esta conversión ecológica lleva a una actitud de corresponsabilidad que involucra a todos los seres humanos, desde los más influyentes líderes políticos hasta el ciudadano más sencillo.

En ese sentido, el Papa hace un llamado a regresar al “estado de inocencia primitiva”, a semejanza de San Francisco de Asís, quien era capaz de ver en cada criatura, una chispa de la inmensidad de Dios Padre creador.


Ecología integral

En Laudato Si’ resulta clave el capítulo IV, que se titula “Ecología integral”. En este, el Papa nos invita a incluir todos los aspectos de la vida humana en el cuidado de la casa común.

La primera especie a la que debemos cuidar, respetar y hacerle ver su dignidad, es el hombre mismo.

Por ello, es necesario incluir en este aspecto temas como la dignidad humana, la complementariedad entre hombre y mujer, la opción preferencial por los pobres, la defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural, entre otros temas.

Además, en esta encíclica el Papa critica cualquier medida de conservación de las especies que vaya en desmedro de una preocupación por el ser humano. Medidas como un agresivo control de la natalidad: “Culpar al aumento de la población y no al consumismo extremo y selectivo de algunos es un modo de no enfrentar los problemas”, dice, y más cuando esto trae consecuencias como el aborto y la eutanasia: “Cuando no se reconoce en la realidad misma el valor de un pobre, de un embrión humano, de una persona con discapacidad, difícilmente se escucharán los gritos de la misma naturaleza”, indica el Pontífice. El ser humano tampoco puede ignorar la dramática situación de muchos habitantes de este planeta: “Es evidente la incoherencia de quien lucha contra el tráfico de animales en riesgo de extinción, pero permanece completamente indiferente ante la trata de personas”.

La Laudato Si’ llegó hace cinco años para hacer tomar conciencia de que todo ser humano debe ser corresponsable con el cuidado de la Creación, la cual no es una obra nuestra sino que nos ha sido dada.. El cuidado del planeta es un asunto de todo ser humano, más allá de sus líneas de pensamiento.

Igualmente, ha dado pie a que la Iglesia reflexione sobre la región de la Amazonia con un Sínodo dedicado al tema, realizado en octubre de 2019 y con una exhortación apostólica publicada el pasado mes de febrero.

Por último, la Laudato Si’ ha permitido el diálogo con personas que no practican la fe católica pero que tienen un gran interés y realizan importantes esfuerzos para cuidar el medio ambiente y han valorado el enfoque espiritual y antropológico que ofrece este texto. El Papa ilumina el tema desde la fe pero invita a todos los que quieran a leer su encíclica y ponerla en práctica. “El medio ambiente es un bien colectivo, patrimonio de toda la humanidad y responsabilidad de todos. Quien se apropia algo es sólo para administrarlo en bien de todo”, dice Francisco.

En esta Semana Laudato Si´ te invitamos a que revises tu actitud ante la creación con las siguientes preguntas:

  • ¿Te detienes para admirar la belleza de la naturaleza? ¿Eres capaz de ver en ella un reflejo del amor de Dios creador?

  • ¿Eres moderado en el uso del agua con pequeñas acciones como duchas más cortas, o reparando los escapes de agua que haya en tu casa o lugar de trabajo?

  • ¿Has sembrado alguna vez un árbol?

  • Cuando tienes mucho frío y estás en un recinto cerrado ¿qué haces? ¿Te pones un sweater o más bien aumentas la calefacción sin buscar antes otro tipo de soluciones que contribuyan a preservar el medio ambiente?

  • ¿Cuidas a los seres vivos (plantas, animales)?

  • ¿Eres moderado con el uso del plástico y del papel? ¿Los reutilizas, lo pones junto con el material reciclable, o los botas luego de su primer uso aunque estén en buen estado? ¿Te excedes en el uso de los cubiertos, vasos y platos descartables? ¿Separas la basura reciclable de la biodegradable?

  • ¿Cocinas solo lo que razonablemente se va a poder comer? ¿O cocinas en exceso por miedo a que se acabe la comida lo que hace que luego sea desechada?

  • ¿Apagas las luces al salir de tu casa o de tu cuarto?

  • ¿Eres de los que siempre vas solo en tu auto? ¿O usas transporte público o compartido en caso de que sea posible?

  • ¿Tiras basuras a la calle? ¿Recoges las basuras de la calle que alguien más tiró?

  • ¿Te preocupas más por las especies animales y vegetales que por el hombre mismo? Con tus acciones ¿eres parte de la solución ante las problemáticas sociales como la pobreza, la trata de personas, el aborto o la eutanasia?



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