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La vocación: “Dios da en el clavo”

Actualizado: sep 1

“10 consejos para ser feliz”, “Destapa una felicidad”, “Compra esto y serás feliz, ¡Llama ya!”… anuncios como éstos abundan en las calles e internet, donde, a través de fórmulas de marketing, se busca que las personas vayan tras “eso” para ser felices. Y la verdad es que no hay mucho que buscar ni llamar, pues es Dios quien lo hace, instando a recorrer el camino junto a Él. Por suerte, el gran alivio es que ¡Dios no hace publicidad engañosa!

Esta invitación que Dios hace se conoce tradicionalmente como vocación, palabra que proviene del latín vocare, y que se traduce como un llamado o la acción de llamar.

En esta nota, el padre Patricio Burich, asesor de la Pastoral UC habla sobre este llamado de Dios y el plan que Él tiene para cada una de las personas.

La vocación... ¿sólo para algunos?

Muchas personas creen que ese llamado o la vocación se reduce sólo a ser sacerdote o religiosa; sin embargo, aunque no los excluye, hay que entender este concepto de una manera más amplia. La vocación es un camino, un plan de vida que Dios mismo ha pensado para cada uno de nosotros. Y en este sentido, ¡todos tenemos vocación! Todos somos llamados a descubrir lo que Dios ha soñado para cada uno, tanto en las cosas pequeñas y cotidianas, como también en las decisiones más determinantes como, por ejemplo, una profesión, el matrimonio o una vida consagrada.


¿Por qué Dios nos regala una vocación?

Dios nos ama y nos conoce mucho, más que nosotros mismos: “Señor, Tú me has examinado y me conoces: Tú conoces todas mis acciones; aun de lejos te das cuenta de lo que pienso.Sabes todas mis andanzas, ¡sabes todo lo que hago! Aún no tengo la palabra en la lengua, y Tú, Señor, ya la conoces. Por todos lados me has rodeado; tienes puesta tu mano sobre mí…” (Salmo 138). Por lo tanto, Dios sabe muy bien donde estaremos “como pez en el agua”, y por eso nos regala una vocación: ¡Dios da en el clavo! Dicho de otra manera, Dios está deseoso de nuestra felicidad. De hecho, su mayor anhelo es vernos contentos y plenamente realizados, por eso mismo tiene un plan para cada uno: ¡Seguir la propia vocación nos hará felices! Sólo queda confiar.


¿Qué cosas pueden ayudar a descubrir la vocación?

La pregunta del millón: ¿Cómo escucho su voz? ¿Cómo puedo saber lo que Dios quiere para mi? Nos gustaría que Dios bajara como en una especie de platillo volador y nos diera una carta donde apareciera cada paso, casa cosa, cada decisión que debemos tomar. ¡Que agradable y fácil sería! Pero lamentablemente nos perderíamos la hermosa experiencia de ir caminando junto al Señor, de ir buscando, madurando, descubriendo y creciendo en la confianza. Sin embargo, aunque no tengamos nuestro checklist de antemano, tampoco estamos totalmente desarmados para escuchar su voz. Tenemos ciertas ayudas que nos pueden facilitar la búsqueda de su voluntad para cada uno de nosotros.

Una primera ayuda es el mirar con los anteojos de la fe la propia vida. ¿Quién soy realmente? ¿Cuál es mi identidad y autenticidad más genuina? ¿Cómo es mi personalidad? ¿Cuál es mi historia de vida y cómo Dios ha estado presente en ella? ¿Qué me quiso decir en los momentos de sufrimiento y de alegría? ¿Cuáles son mis talentos, aquellas cosas que me gustan, que disfruto y que me resultan fáciles de hacer? ¿Qué cosas me gustan y me apasionan? ¿Qué deseos y anhelos tengo en el corazón? ¿Qué actitudes, valores, personas, admiro? Todas estas respuestas serán como “pistas” que nos ayudarán a acercarnos al gran tesoro que es nuestra propia vocación.

Un segundo medio es su Palabra. ¡La Escritura es Palabra de Dios! Él se comunica con nosotros por medio de su Palabra. Y lamentablemente muchas veces no recurrimos a ella como debiéramos. Algunas veces la Biblia está guardada en el estante o en algún rincón apartado de la pieza, con varios kilos de polvo por encima.

Dios nos ha hecho un regalo y los regalos se ocupan. Nos ha dado su Palabra para que entremos a bucear en ella, para poder masticar, reflexionar, rumiar, disfrutar, y guardarla en el corazón para seguir meditándola después como lo hizo también la Virgen María. Debemos reencantarnos con su Palabra sabiendo que Dios sí o sí nos hablará por medio de ella.

Una tercera manera de descubrir su voluntad es la oración, ¡que no es un monólogo! Muchas veces vamos a la oración para pedir y agradecer, pero no hacemos silencio para escuchar. Es necesario entrar en un diálogo, pues así la oración se transforma en una conversación, donde Dios nos va revelando su voluntad, las decisiones que debemos tomar, los cambios que debemos hacer, y mucho más.

Por último, es importante acudir al acompañamiento espiritual. ¡Que gran ayuda! Caminar con otro que puede ver cosas que nosotros, en un principio, no logramos reconocer. La propia experiencia nos muestra que nos conocemos a través de otros y por eso el acompañante es clave en este proceso de búsqueda. No se trata de tener un gurú o un experto que nos dé todas las respuestas (eso no es acompañamiento), sino de buscar una persona con cierta experiencia que pueda caminar junto a nosotros para ayudarnos a ver, reconocer y descubrir las mociones que Dios ha puesto en nuestro corazón. Busca uno de tu confianza y comienza a caminar para descubrir lo que Dios te quiere comunicar, incluso puede ser desde ahora, en estos tiempos de cuarentena (gracias a los medios tecnológicos).

La vocación es una pregunta que tiene que planteársela todo hombre y mujer que ame a Cristo, pues ¿qué clase de cristianos seríamos si nunca nos hemos dispuesto a escuchar su voz? Es necesario que tomemos en serio nuestra fe y eso comprende, como algo fundamental, el estar constantemente buscando la voluntad de Dios para mi vida. Tenemos a Dios que nos habla; tenemos ayudas para descubrir su voz; sólo queda querer escuchar.

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