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Ocio en cuarentena

Andrés Ried, académico del campus Villarica UC, no le teme al ocio. Es más, en esta columna, nos insta a nunca descuidar nuestro espacio para el ocio y las actividades que nos permiten gozar.

Ocio en cuarentena

Andrés Ried

Académico Campus Villarica UC

Doctor en Ocio y Potencial Humano


Debido a las restricciones a la libertad de circulación, hemos debido, a su vez, limitar nuestras prácticas de ocio, como: reunirnos con amigos, hacer deporte, ir al cine, al teatro, salir a caminar, andar en bicicleta, entre otras. El hecho de reducir su práctica genera que dejemos de sentir el placer que nos produce un buen partido de fútbol, ir a un concierto, un encuentro con la familia, generando una fuerte sensación de nostalgia y a veces tristeza. De modo que a veces, incluso nos preguntamos si debemos dejarla en una especie de latencia y resignarnos a que vuelvan las condiciones “normales” para retomar su práctica. Mi respuesta es un rotundo y categórico NO. Son demasiados los aspectos positivos que nos proveen nuestros ocios, como para dejarlo descansar.


Entre el teletrabajo, las labores domésticas y el cuidado de otros, surge con especial fuerza la pregunta: ¿Qué puedo hacer con mis aficiones o mi ocio? Lo primero que debemos hacer es validarlas, darles un espacio y un tiempo. Es fundamental proteger nuestros ocios, no sólo porque nos ofrecen experiencias de goce y desarrollo, sino porque también les muestra a nuestras familias la importancia del cuidado de uno mismo.


Ponga atención a estas sugerencias:


- Establezca un tiempo mínimo de 20 minutos al día para usted en solitario, elija qué es lo que quiere hacer y comuníquelo con quien convive. Invítelos a hacer lo mismo.


- Adapte su entorno a su práctica, use la música, los recuerdos, las ventanas y disfrute con calma y pausa. A veces, basta con respirar.


- Atrévase a recuperar ocios o aficiones antiguas: baile, cante, pinte, saque fotografías, lea, escriba, usualmente hay algo que tenemos en nuestra memoria que añoramos. Simultáneamente fije un tiempo familiar o colectivo de ocio comunitario, y protéjalo. No renuncie a él de ningún modo.


- No se limite a la TV o las pantallas; juegue con los más pequeños y los mayores, recuerden juegos sencillos de la niñez, cocinen juntos, bailen. Se sorprenderán de cómo se crean y renuevan lazos, y de que, a pesar de las circunstancias, la vida se hace mejor.





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