Santo Tomás de Aquino: lecciones para el mundo de hoy

Actualizado: ene 29

El 28 de enero, la Iglesia celebra al patrono de las universidades, los estudiantes y profesores: Santo Tomás de Aquino. Este santo medieval que marcó su tiempo, tiene igualmente mensajes para el presente, que hoy, cuatro académicos UC se encargan de ponernos sobre la mesa.

DESDE LA HISTORIA


El siglo XIII fue una época de gran vitalidad en distintos planos, entre ellos el intelectual y el espiritual. Parte importante de esas novedades fueron las órdenes mendicantes, que renovaron la fe y la evangelización en contacto con el mundo urbano, floreciente en aquel entonces. Santo Tomás de Aquino perteneció a ese mundo deslumbrante, siendo quizá el más renombrado de los monjes dominicos, así como pilar fundamental de la vida universitaria. Se ocupó en infinidad de temas, desde la moral y hasta el pensamiento político, muchos de ellos de gran actualidad y vigencia. En tiempos aciagos como los que nos toca vivir hoy en día, Santo Tomas en la Summa nos interpela como individuos que formamos parte de una comunidad, llamando a la misericordia y la caridad, cuya consecuencia es la alegría y el gozo. Por esa preocupación por la comunidad y sus problemas, es que el Papa Francisco lo cita frecuentemente en Laudato Si (2015). En una época como la nuestra, de avanzado y a veces agresivo secularismo, de desaliento y desesperanza a veces, Santo Tomás nos invita a una fe viva que no teme a la razón, pues ambas provienen de Dios (v. Juan Pablo II, Fides et Ratio,1998), y nos recuerda que somos continuadores de la obra creadora del Padre.


Al mirar hacia el pasado sucede, a veces, que vemos la silueta de algunas personas proyectarse sobre ese telón de fondo que es el horizonte de la historia. No son muchos: Santo Tomás de Aquino, fue uno de aquellos que han sobrevivido al paso del tiempo y su solo nombre evoca un pensamiento, un estilo y una época.


José Marín Riveros

Decano de la Facultad de Filosofía y Educación de la PUCV y académico del Instituto de Historia UC.



DESDE LA FILOSOFÍA


Santo Tomás abordó muchísimos temas con gran atención a lo concreto. Son innumerables sus propuestas, sorprendentemente actuales, que servirían para analizar desde la raíz las cuestiones que inquietan hoy en día: sobre las bases del deber de obediencia política y el consiguiente derecho de rebelión cuando aquéllas dejan de estar presentes (Suma teológica (S. t.) II-II qq. 42, 104 y 105); o sus ideas acerca de la mejor forma de gobierno, muy próxima a un régimen democrático presidencial (S. t. I-II q. 105), entre muchas otras.


Sin embargo, creo que Santo Tomás destacaría más que nada no tanto lo que ahora todos tienen en mente, sino más bien lo que la gran mayoría ha olvidado y que éste pensador estima que es una verdad filosófica: que el único verdadero bien humano consiste en ser amigo de Dios, en conocerlo y amarlo (S. t. I-II, qq. 1-5); que es la fuente más poderosa de amor a las demás personas (S. t. II-II q. 23); que los otros bienes dejan de serlo en la medida en que no están vinculados con aquél, hasta el punto de que más convendría perderlos si su posesión adormeciera la conciencia sobre la verdadera felicidad (S. t. II-II q. 44). En definitiva, que ignorar a Dios es la más profunda de las miserias humanas y es causa de muchas otras, de modo que, por eso mismo, pienso que es la verdad filosófica que Santo Tomás recordaría con más urgencia al mundo de hoy.


Santiago Orrego

Académico de la Facultad de Filosofía UC

DESDE EL DERECHO


Santo Tomás nos provee el discurso y las herramientas para una genuina cultura respetuosa de la dignidad personal participada por Dios. Con profundo realismo, integrando la mirada racional iluminada por la fe -confirmando que entre ellas no existe ni puede existir contradicción sino auxilio mutuo- Santo Tomás nos recuerda que el derecho es lo justo, aquello que debe darse al otro en estricta igualdad como objeto de la virtud de la justicia.


Asimismo, nos recuerda que la ley no es el derecho sino cierta razón de aquel, y que la verdadera ley es siempre un orden racional cuyo fin es el bien común, orden cuya causa es el mismo Dios que dirige a todos los seres a su fin, orden que la autoridad humana puede conocer y determinar prudencialmente para orientar la vida común a su máxima plenitud.


De este modo, para Santo Tomás la “ley injusta” -que abunda en nuestros días- no es ley sino corrupción de ley, mera fuerza y capricho, aunque provenga del ejercicio soberano de una mayoría contingente.

Álvaro Ferrer

Abogado y académico de la Facultad de Derecho UC


DESDE LA TEOLOGÍA


Sto. Tomás aporta unas luces sorprendentes en medio de la oscuridad del mundo de hoy, que iluminan la vulnerabilidad corporal, reclamando, al espíritu finito, de modo dramático, por el Espíritu Infinito.


La situación dramática del espíritu humano se origina en la estructura fundamental del ser finito y su relación con el Ser eterno en cuanto el ser no existe en sí, sino solo a través de los seres, siendo el ser la «imagen de la bondad divina» (De veritate 22), que el ser humano plasma desde el sustrato de su cuerpo formado por el alma -verdad relevante para los afectados por el Cov-19 y la relación varón mujer.


El espíritu, al querer ponerse infinito, siendo finito, según Tomás, ilumina la posición de Nietzsche y aquellos intentos de solucionar los problemas acuciantes por cuenta propia.


El ser humano tiene su origen en la Trinidad, que remonta al “designio de amor” del Padre quien nos elige de antemano para ser imagen del Señor Resucitado mediante el Espíritu Santo (Exp Ad Rom 8, 29). Este detalle revela la importancia del cuerpo resucitado en su relación con el espíritu y el alma, y la Iglesia Cuerpo de Cristo mediante la liberación de la persona subsistente por el Espíritu Santo, ganando su ser identidad personal y comunitaria por medio de la libertad liberada (Gal 5,1) para el servicio mutuo, (Gal 5, 13), por la institucionalización en la Iglesia.


A modo de conclusión, la situación dramática del ser humano en el mundo hoy, recibe una respuesta significativa cuando Tomás, cara a su muerte, contesta al Señor quien le pregunta: “Tomás tú has hecho tanto por mí, ¿qué quieres ahora de mí?”, “¡Sólo a Ti!”.


Anneliese Meis

Gestora y Miembro del Centro de Estudios

Interdisciplinarios en Edith Stein, de la Facultad de Teología UC


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