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Solidaridad: Darse del todo para encontrarlo todo

Actualizado: sep 1

Comenzando el mes de la Solidaridad, te invitamos a leer la siguiente columna, escrita por Ángela Parra, coordinadora de Prácticas Solidarias UC.

De todas maneras los tiempos que corren no son fáciles. Una crisis social detenida por una crisis sanitaria ha marcado el Chile de los últimos nueve meses y hace que miremos con ojos más rigurosos los desafíos que nos depara el futuro. En esta maraña de problemas, la desesperanza y la incertidumbre se apoderan de nuestros corazones, haciendo que olvidemos lo importante: Cristo.


Si por cada crisis, cada caída, supiéramos levantarnos porque es Él quien está junto a nosotros, sabríamos que la pandemia es superable si confiamos en aquello que nos hace colaborar con los otros y por ende, nos permite cumplir el mandamiento “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Con esto, me refiero a la solidaridad, principio rector del orden social y expresado como uno de los cuatro pilares de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI). La solidaridad nos mantiene vigilantes, creyentes y activos en trabajar por “los más descartados de nuestra sociedad”(1). Es en este trabajo incansable donde debemos entender la solidaridad, no como el asistencialismo carente de contenido, sino que como el verdadero compromiso de “que todos seamos realmente responsables de todos”(2). Es decir, salir al encuentro en esta cuarentena de quienes más nos necesitan. Aquellas personas a las que no podemos dejar esperando, porque simplemente se les agota el tiempo; hablo de quienes ahora mismo están pasando hambre, los que viven en campamentos sin servicios básicos, los inmigrantes sin hogar a la merced de la lluvia, las mujeres víctimas de violencia intrafamiliar, entre muchas otras. Hablo también de todas aquellas personas a las que aún les falta Cristo, las que viven en las tinieblas del pecado, quienes aún no han escuchado la buena nueva del Evangelio, pero lo desean en lo más interno de su corazón.


Tomar la decisión de practicar la solidaridad requiere corazón y tiempo. Lo primero, porque debes entregarte en cuerpo, mente y alma a aquellas cosas que van en directa ayuda de quienes más nos necesitan. Y tiempo, porque vivimos en una sociedad que avanza a pasos agigantados, donde estamos ocupados todo el día, todos los días; por lo que necesitas dar gran parte de tu tiempo a una entrega completa de corazón. Pero ¿Cómo practicar la solidaridad en cuarentena tan lejos de los necesitados? Hay muchas respuestas para esto: La campaña Cristo sufre hoy de nuestra Pastoral, te invita a tomar la acción por quienes hoy están sufriendo de hambre donando insumos básicos, acompañando a adultos mayores en situación de abandono, entre otras. Sin embargo, existe sólo una respuesta que viene dada desde nuestra vida académica universitaria. Hoy quiero hacer una invitación especial a tomar la decisión de hacer la práctica obrera o profesional que tienen las carreras de la Universidad, pero de una forma distinta, de una manera solidaria. Uniéndote en formación y entrega en las instituciones que trabajan por los más descartados de la sociedad y que hoy están en la primera línea de la pandemia. Fundación las Rosas, Protectora de la Infancia, Fundación para la Superación de la pobreza; son algunas de las instituciones que presentan ofertas y que a través de las prácticas buscan solucionar problemas reales en materias de tercera edad, infancia, localidades en extremos del país, pobreza, campamentos, entre otros. Hace algunos días le pregunté a uno de los estudiantes que estaba postulando a una práctica profesional en la sexta región: ¿Por qué quería hacer una práctica solidaria?. En general las respuestas son: me gustó la oferta o no encontré nada más o me gusta ayudar. Sin embargo, este estudiante me dijo que dada la pandemia, se dio cuenta de que en Chile aún hay muchas necesidades que se han acrecentado y por qué no dejar su última práctica al servicio de los más necesitados. Son, personalmente, palabras que emocionan al ver que aún existen muchos y muchas dispuestas a entregarse por entero en este maravilloso mundo de la ayuda desinteresada, siendo responsable del que está al lado mío, siendo solidario/a con quien no conozco, pero que de alguna u otra forma amo, porque es mi prójimo, es mi hermano.


San Alberto Hurtado decía que “Comienza por darte. El que se da, crece. Pero no hay que darse a cualquiera, ni por cualquier motivo, sino a lo que vale verdaderamente la pena: Al pobre en la desgracia, a esa población en la miseria, a la clase explotada, a la verdad, a la justicia, a la ascensión de la humanidad, a toda causa grande, al bien común de su nación, de su grupo, de toda la humanidad; a Cristo (...), a la Iglesia (...), a Dios.(3) ”Que aquello que vale verdaderamente la pena nos logre encontrar en esta pandemia para poder entregarnos en cuerpo y alma a aquello que nos hace más solidarios y solidarias, pero por sobre todo, nos permite dar lo mejor de nosotros para que otros puedan encontrar lo mejor de sí mismos.



“La vida es vida en la medida que se tiene a Cristo, en la medida que se es Cristo” (San Alberto Hurtado)


Ángela Parra M.

Coordinadora Prácticas Solidarias UC



FUENTES:
  1. Papa Francisco en su mensaje previo a su visita a Chile en 2018.

  2. Discurso del santo padre Juan Pablo II a un grupo de miembros de la Unión Europea occidental. Martes, 17 de septiembre de 1996

  3. “El que se da, crece”. Reflexión personal, noviembre de 1947. Un fuego que enciende otros fuegos, Páginas escogidas de San Alberto Hurtado.



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