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Tradición y cultura: la historia de la Cruz de Mayo

Actualizado: may 7

Escrita por: Carolina Odone

Historiadora y académica UC

En muchos países del mundo, el 3 de mayo se celebra la fiesta de la Cruz de Mayo, una tradición popular —arraigada por generaciones— y que conmemora el encuentro del madero en el que murió Jesús, encontrado por Santa Elena.


Para conocer un poco más de la historia que hay detrás de esta tradición, te invitamos a leer la esta nota para Anclados en la que María Carolina Odone, académica del Instituto de Historia UC, explica el culto a la Santa Cruz y su devoción en Chile.


La Fiesta de la Santa Cruz, Cruces o Cruz de Mayo cuenta con una importante tradición de investigación de carácter antropológico, etnográfico, histórico, religioso y socio-cultural. Distintos trabajos han avanzado en la comprensión de la fiesta que se celebra entre el 2 y el 4 de mayo, siendo el 3 de mayo el día de la gran celebración, considerándose esta festividad una de las más importante en la cartografía espacial y ritual de distintas localidades de Chile. En el mundo andino llaman a la cruz Tata Velacrus, Tatito Santa Cruz, Tatita, Tatay, Tatala, Taytacha la cruz que protege viviendas, pueblos, tierras, caminos y cerros, realizándose la festividad en ámbitos privados, domésticos y colectivos, donde familias y comunidades impregnan a esta devoción religiosa de su distintiva y propia identidad cultural y local.


El culto a la Cruz o la Vera Cruz, en tanto una festividad ritual, tiene una historicidad posible de ser trazada, en España y Europa, desde el siglo VII. El relato de origen de esta festividad ancla en el año 326, cuando Elena, madre del emperador Constantino, dirigida a través de sueños, viajó a Jerusalén, encontrando el Calvario y la Vera Cruz o Verdadera Cruz en la que había sido crucificado Jesucristo (Martínez y Martínez, 2007).


Desde hace mucho tiempo, Cruces se ha convertido en una de las celebraciones más importantes del calendario cristiano-católico, no sólo en Chile sino que también en América, siendo su eje central la devoción a la cruz sin la imagen de Cristo (Ochoa, 1976; Irarrázaval, 1980; Claros, 1993; Maureira, 2016). Para la cultura y sensibilidad medieval, la cruz de madera, en tanto objeto, adquirió un lugar central en el mundo de las creencias, prácticas e imaginería religiosa, considerándose la madera “un material puro y santificado por la imagen ideal de la Santa Cruz” (Pastoureau, 2006: 91). Material que además tenía referentes muy claros, los árboles y su culto, en cuyo simbolismo, sobre todo en ámbitos rurales, se entrecruzan “una triple herencia: la de la Biblia, la del mundo grecorromano y la de las culturas ‘bárbaras’, en especial de la civilización germánica” (Pastoureau, 2006: 101).


A partir del Concilio de Trento (1545-1563), la festividad de la Santa Cruz fue ampliamente difundida, trasladándose a América como resultado del proceso de evangelización y cristianización hispano-colonial. Actualmente, en muchos poblados del Norte de Chile, “las cruces son enmarcadas con arcos florales o ramitas de árboles y cintas de colores; y junto con vestirlas se convierten en objetos rituales a los que se les ofrece incienso, velas, flores, bebidas, vino, chicha, licores, coca y alimentos; pidiéndoles permiso, ayudas y bendiciones” (Arenas y Odone, 2015: 139). Habitantes de los poblados suben a los cerros a buscar las cruces que están en sus alturas, y se las homenajea cambiándoles los ornamentos del año anterior y vistiéndolas nuevamente para que regresen a los cerros con sus nuevas vestiduras de flores, papeles de colores, velos, cintas y textiles. Las familias participan con mucha devoción y respeto, acompañando las ceremonias con procesiones, rezos, cantos y los sones de bandas musicales con instrumentos propios de la zona. También participan del homenaje pequeñas cruces familiares que se sitúan en los terrenos de los comuneros y que también son desvestidas y nuevamente adornadas (Maureira, 2016).

En localidades de Chile central, la festividad es celebrada por poetas y cantores a lo divino y a lo humano, disponiéndose en altares familiares al interior o fuera de las casas, acompañadas por floreros llenos de flores frescas y vivas. Y es parte de la celebración de Cruces que las calles de los poblados también se adornen para el paso de la cruz, acompañando esa procesión bailes chinos que saludan a la Virgen y a la cruz con sus cantos, bailes y el sonido de sus flautas (Uribe, 1962). Las cruces de los cerros y lomas cuidan poblados del Sur de Chile y adornadas con ramas de árboles y coronas de flores son cuidadas y homenajeadas por los pobladores, acompañándolas con fogatas encendidas, oraciones, cantos y bailes a su alrededor (Mercado, Raurich, Salinas, Sepúlveda y Silva, 2006).


En esta celebración, extendida en varias localidades del actual territorio nacional, se reconocen similitudes con las festividades de Cruces que se realizan en varios lugares de España, donde sus calles son adornadas para la realización de procesiones de Cruces, las que también están vestidas y adornadas con telas, encajes, velos, cintas, flores, coronas y pedrerías. La cruz camina por distintos lugares de los poblados bendiciendo lo que ella puede ver. Las cruces pueden estar en plazas o bien en cerros, incluso en calles del pueblo. A ellas también se las homenajea con bailes, cantos, convites y comidas, acompañándolas con hogueras encendidas durante la noche (Rodríguez, 2004).

La fiesta de Cruces en Chile es expresión de procesos de choque y encuentro cultural donde grupos sociales, en este caso indígenas, mestizos y campesinos, incorporaron elementos y prácticas de la manera de celebrar Cruces en España, donde no sólo están presentes lógicas misioneras propias de procesos de conversión, sino que también agencias e iniciativas indígenas, campesinas y mestizas, cuyas estéticas constituyen un gabinete de superposiciones culturales cuyas trazas es necesario seguir historiando, puesto que la festividad de Cruces no es un universo festivo único y homogéneo, sino que un universo en constante modelación y por ello vivo y en movimiento como los mundos sociales.


Si quieres más información e imágenes, puedes ingresar a la web del Museo Histórico Nacional y/o a la del Archivo Nacional, a través de Memorias del Siglo XX.


Bibliografía

—Arenas, M.A. y Odone, C. 2015. Cruz en la piedra. Apropiación selectiva, construcción y circulación de una imagen cristiana en el arte rupestre andino colonial. Estudios Atacameños, N° 50: 137-151.

—Claros, E. 1993. Santa Vera Cruz. Fiesta de la vida en el valle de Cochabamba. Balance y aportes bibliográficos para su estudio. Yachay-TM 9(10): 156-179.

—Irarrázaval, D. 1980. Fiesta de la Cruz del campesinado de Misti. Pastoral Andina 31: 5-16.

—Martínez, M.L y Martínez, L.L. 2007. Santa Elena y el hallazgo de la Cruz de Cristo. Revista Comunicación y Hombre, N° 3: 39-50.

—Maureira, M. 2016. Religiosidad en el norte chileno. El caso de la celebración religiosa de la Cruz de Mayo en el pueblo andino de Socoroma. Tesis para optar al grado de Licenciado en Antropología. Tesis para optar al título de Antropología Social. Santiago: Universidad Academia de Humanismo Cristiano, Escuela de Antropología.

—Mercado, C., Raurich, V., Salinas, M., Sepúlveda, F., y Silva, J.P. 2006. Fiestas populares tradicionales de Chile. Quito: Instituto Iberoamericano del Patrimonio Natural y Cultural-IPANC

—Ochoa, V. 1976. La fiesta de Santa Cruz. Boletín Ocasional 32: 1-13.

—Pastoureau, M. 2006. Una historia simbólica de la Edad Media occidental. Buenos Aires: Katz Editores.

—Rodríguez, S. 2004. Las cruces de mayo en Andalucía: historia y antropología de una fiesta. En Las Cruces de mayo en España. Tradición y ritual festivo, David González Cruz (Ed.), pp.56-78. Huelva: Universidad de Huelva.

—Uribe, J. 1962. Cantos a lo divino y a lo humano en Aculeo. Folklore de la Provincia de Santiago. Santiago: Editorial Universitaria S.A.


Carolina Odone es doctora en Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile, académica del Instituto de Historia UC y miembro del Consejo Académico Pastoral de la misma casa de estudios. Dentro de sus áreas de trabajo destacan las investigaciones respecto a las fiestas devocionales de los Nortes de Chile, etnohistoria sobre la espacialidad y territorialidad de grupos indígenas en el Chile Central y Centro Sur, entre otros temas.

 
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